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Genjitsushugisha no Oukokukaizouki vol 3 capítulo 30

Epílogo B – En medio de la nieve

Caminé por el pasillo con Hakuya. Podía ver que estaba todo oscuro mirando por la ventana. Creo que eran más o menos las ocho de la tarde; y me acordé de lo ocurrido en el salón del banquete. Si tales problemas volvieran a ocurrir a estas horas… tendríamos que mantenernos despiertos toda la noche. Lo mejor hubiera sido que hubiera mandado a los artistas a descansar mucho antes. Porque si no, si tenían que actuar toda la noche y se colapsaran en medio del programa… No quería ni pensarlo.

Y mientras andaba con esos pensamientos en la cabeza, llegué finalmente a mi destino. Hakuya de manera discreta me dio paso para que pudiera entrar a la habitación, y se paró de pie junto a la ventana, frente a la puerta donde tenía la intención de esperar. Aunque no es como si tuviera prohibido entrar, simplemente se abstuvo a hacerlo. Luego juntó sus manos y me dio una respetuosa reverencia.

«Los Gatos Negros están ya a sus puestos. Por favor, tómese su tiempo. Espero que tenga una discusión agradable.»

«Claro.»

Asentí mientras abría la puerta y entré. Todo volvió a oscurecerse en cuanto otra vez la cerré. Dentro de la habitación alumbrada por espelmas pude ver a una cama tamaño digna de un rey y detrás de esta, una terraza iluminada por la blanquecina luz de la luna. Tomando té, se encontraban sentadas en la mesa de cristal junto a esa ventana las personas que estaba buscando. En cuanto me acerqué, rápidamente dejaron las tazas y se pusieron de pie.

«Cielo Santo, lord Souma. Cuánto tiempo.»

«Mucho tiempo hace que no te vemos, su alteza.»

Devolví el saludo entonces a la pareja.

«Ciertamente, ha pasado bastante tiempo, lord Alberto, lady Elisha.»

Las personas que me habían estado esperando eran los padres de Liscia, el antiguo rey, lord Alberto, y su reina y esposa, lady Elisha.

◇ ◇ ◇

«Por favor.»

«Muchísimas gracias.»

Una vez acabado el té que me ofrecieron, la ex reina Elisha sonrió ampliamente. Tenía la actitud tranquila de Liscia, además de una apariencia más de señorita, es decir, una apariencia más coqueta. Me pregunto si Liscia se volverá así. Estaré pendiente de ello.

Estábamos sentados alrededor de la mesa de vidrio de manera que me encontraba encarado a lord Alberto. Lady Elisha se aposentó a su lado, dado que había terminado de ofrecernos té. Parece que pretendía realizar el rol de sirvienta hasta el final de la noche… Aunque, ahora que lo pienso, nunca había tenido una conversación con ella, ¿eh? A pesar de ser mi suegra, siempre hablaba con moderación, y prefería quedarse al margen, junto a Alberto, con una cálida sonrisa. Según Liscia, siempre había sido persona de pocas palabras y un tanto taciturna.

«Te damos la bienvenida. Gracias por haber venido esta noche.»

Mis pensamientos fueron interrumpidos por lord Alberto.

«Además, mis sinceras felicitaciones por la anexión con el principado. Has hecho tantísimo y solo después de haber tenido la corona por solo medio año… Seguro que has vivido para tener el título de Gran Rey.»

«No soy un gran fan de ese título… aunque supongo que puedo reunirme con vosotros ahora.»

«Nos disculpamos por hacerte esperar.»

Lamentó el anterior rey inclinando la cabeza.

Había estado pidiendo reunirme con lord Alberto día tras día hasta ahora. Cuando ‘no tenía ni idea de la situación’, había buscado ayuda para hacer que los tres duques cooperaran y persuadir a Castor, quien se encontraba preocupado por la súbita abdicación. Cuando se trataba de ‘he hecho juicio sobre todo’ había preguntado si podía verlo y solicitar su opinión.

Pero la respuesta que siempre obtenía había sido: ‘el país es tuyo ahora, no está en mi lugar decir nada’ para la primera cuestión y ‘te diré todo estos días, por lo que espera hasta ese momento’ para la segunda. Así que no pude hacer nada más que esperar, ya que al fin y al cabo, no podría saber si me diría la verdad si lo hubiera detenido para interrogarlo.

Y esta noche, me responderían a todo, por lo que aquí me encontraba.

«¿Podréis responderme a todo ahora?»

«Si así lo quieres.»

«¿… Podríais por favor decírmelo claramente? ¿Qué es lo que estáis pensando?»

Como anunció que me lo diría todo, le requerí que lo explicara desde el principio.

«Hay tres cosas que me gustaría saber. En primer lugar, acerca del porqué me disteis el trono. Era la primera vez que me conocíais cuando me convocasteis, y aun así, me conferisteis la corona solo por haber escuchado el plan de enriquecer el país y fortalecer la armada. Incluso me ayudasteis a tener a Liscia para que fuera mi prometida. Es verdad que así pude actuar con mucha más libertad, pero… es anormal. Además de yo ser una persona joven y actuar un pelín rudo con el fin de que no tomaran mis palabras de manera diferente a lo que quería decir. ¿Cómo pudiste entregarle el trono a tal tipo?»

«………»

«En segundo lugar, acerca de la lealtad de Georg. Tramó un plan de tal manera que aquellos que parecían que se volverían mis enemigos pudieran ser eliminados, manchando con ello su nombre. Y viendo en cómo resultó todo, parecía como si hubiera sido todo planeado, no obstante, están esas cartas de Liscia. Eso también es raro. Nunca me vi con Georg hasta que todo hubo terminado. Literalmente sacrificó su vida por el plan. Y eso nunca lo hubiera hecho si no fuera confianza y la lealtad.»

«………»

«Pero nunca me había visto con Georg, y no es normal tener fe en alguien cuya existencia para ti es desconocida. Por lo que Georg actuó de manera leal, ¿a quién? No hay otra explicación que por serte leal a ti, el anterior rey. Antes de ‘ejecutarlo’, le pregunté al respecto, pero solo musitó unas palabras: «lo sabrás de la boca de ‘la persona’ cuando llegue el momento.»

Me detuve allí y tomé un sorbo de mi té.

Por último… ¿Por qué no me dejasteis veros hasta ahora? Si esperábais hasta que todo se arreglara, podrías haberme visto cuando la guerra de Amidonia terminó o cuando la anexión se hizo. ¿Por qué os habéis esperado hasta ahora para dejarme veros? Quiero saber eso también.

«… y eso es todo, ¿verdad?»

«En resumidas cuentas. Preguntaré sobre los detalles después.»

«De acuerdo.»

Alberto asintió y empezó a hablar.

«En primer lugar, nos gustaría decir que todas las cuestiones están ligadas por una cosa.»

«¿Una cosa?»

«Pero antes, responderemos a la tercera pregunta. Estábamos esperando y viendo, ya sea para decirte la respuesta, o si, por lo contrario, debíamos mantener las cosas como estaban y no decirte nada…»

«………»

«No obstante, nuestros corazones no son lo suficientemente fuertes para poder mantener guardado el pecado que hemos cometido.»

¿Pecado que han cometido? ¿Pero de qué está hablando?

«Lord Souma, ¿acaso nunca has pensado en querer volver a empezar tu vida de nuevo?»

Me preguntó lord Alberto. Y aun siendo la pregunta un tanto sospechosa, le respondí.

«Por supuesto. Siempre lo pienso.»

Hablando sobre las decisiones que he tenido que hacer desde que recibí el trono, siempre empiezo a pensar sobre si podría haberlo hecho de otra manera, si se podía hacerlo mejor, si era posible haber salvado aún más vidas. Se dice que las almas de los muertos van al cielo, pero aun así me preguntaba si podría haber llegado a un acuerdo con un enemigo muerto por la guerra, aun sabiendo que era imposible.

«Pero, ¿qué tiene que ver esto con el tema?»

«… Déjame contarte una historia, sobre un cierto reino en un cierto mundo, sobre un cierto tonto rey.»

Y con esa introducción, Alberto comenzó a contar la historia.

◇ ◇ ◇

En un cierto reino, una vez hubo un rey. El rey no era sabio, pero tampoco era tonto. No gobernaba bien, pero tampoco es que lo hiciera mal… es decir, era un modelo de mediocridad. Aun si el reino hubiese perdurado mucho tiempo, se podría decir que el rey no sería recordado por tener alguna mancha. No obstante, el mundo estaba en un estado de guerra entre demonios y hombres. El fuego de la guerra todavía no había consumido el reino, pero la comida, añadida a los problemas económicos, lentamente empezaron a llevar la nación a la ruina. Y ese mediocre rey no fue capaz de efectuar acciones efectivas para solucionar aquellos desafíos.

Entonces, un día, un gran país del oeste efectuó un llamado para requerir que se hiciera la Ceremonia de Invocación del Héroe. Era un llamado, aunque a la práctica no era como si tuvieran la opción de refutarlo. El mediocre rey realizó la ceremonia como se le pidió, la cual fue un éxito, y así, un joven hombre de otro mundo fue convocado para convertirse en héroe. El rey iba a entregar al muchacho al oeste, pero este mismo dijo…

«Si tienes que luchar contra los demonios en primer lugar deberías tener una rica nación y un ejército fuerte.»

◇ ◇ ◇

Creo que he oído hablar sobre esto antes… mejor dicho, ese soy obviamente yo, ¿no? Lo pensé y consideré preguntarlo, pero la trama siguió una historia que difería a la que sabía.

◇ ◇ ◇

Al escuchar la historia de aquel muchacho, el rey vio un talento en él que él mismo no tenía, por lo que lo puso como primer ministro. El joven trabajó duramente para llegar a las expectativas del rey, e implementó innovaciones varias. Gracias a sus esfuerzos, el país empezó a mostrar signos de recuperación del problema de la comida y los problemas económicos. Sin embargo, había quienes miraban desfavorablemente aquel muchacho.

Eran los nobles del país, aquellos que tenían mala reputación. No podían soportar que un joven venido ‘de quién sabe dónde’ se convirtiera repentinamente en primer ministro— aunque lo que los enfureció más fue las reformas que hizo. A fin de recaudar fondos, el joven hombre hizo pública la corrupción en la que estaban metidos e incluso los amenazaba con degradarlos a niveles más bajos de la sociedad. Por culpa eso, el muchacho se ganó la ira de muchos. Fueron una y otra vez al Rey para persuadirlo de que causaba daño, para intentar derrocarlo.

No obstante, el joven tenía un aliado. El gran general de la armada. Ese hombre, honesto a sus ideales, reconoció la genialidad de ese chico y se convirtió en su defensor. Sin embargo, eso mismo fue visto mal por los nobles corruptos, quienes lo difamaron aun más fuertemente. Las calumnias fueron cada vez más intensas y gradualmente empezaron a hacer que el rey se sintiera incómodo.

El talento de aquel muchacho era ciertamente fascinante, pero tenía demasiados enemigos. Y eso podría acabar de generar una ruptura en el país. Pensando en ello, el rey tomó una decisión, de la cual, se arrepentiría después. Lo despidió del puesto de primer ministro. Y el muchacho, liberado de sus responsabilidades, cayó en desgracia refugiándose en el techo del castillo del general. Podía ser funesto para el joven muchacho, pero de esa manera el país estaría unido. De esta manera, la vida del joven no correría peligro, racionalizó el rey.

Pero los asuntos no acabaron ahí. Los injustos nobles eran más obstinados de lo que el rey pensó. Más bien, considerando sus conexiones encubiertas, no podían pasar por alto al joven exministro. Y aquel año, el país vecino, el cual durante mucho tiempo había estado guardando su rencor hacia este, hizo cruzar las fronteras a las tropas. El general envió a sus hombres, y se enfrentaron en un conflicto armado.

Sucedió en aquellos momentos de tensión. Como si lo hubieran estado esperando, los nobles organizaron una revuelta, atacando el castillo del General en Randell… y teniendo en cuenta los momentos en que decidieron la insurrección, bien podría decirse que los nobles tienen conexiones con el país colindante. Dado que las tierras del general solían pertenecer al país enemigo,los planes del enemigo fueron más fáciles de realizar, y para aquella nación, también era un acto para acabar con el joven que un día podría convertirse en su enemigo. Y a pesar de que era la ciudad donde se encontraba el General de la Armada, la mayor parte de los ejércitos había sido enviada a la frontera, dejando menos de quinientos hombres como guardias para oponerse a un ejército formado por los nobles, el cual, sobrepasaba los diez mil hombres.

El general del ejército también se encontraba en la ciudad, y apostó su vida en la defensa de la ciudad… pero los enemigos eran demasiados y al final fue derrotado. La urbe en la que estaba su castillo se incendió, y el joven se convirtió en cenizas dispersas entre las llamas. Solo tomó unos días para que se alzaran en armas los ejércitos de los nobles, y el rey no pudo hacer nada. Habiendo perdido al general, el ejército no pudo mantenerse frente al ataque del país vecino, y este fue derrotado. El ejército de los nobles se reunió con el ejército del país vecino y así, utilizaron el  impulso para marchar hacia la capital. Viendo aquel desarrollo, el rey rápidamente trató de confeccionar un ejército para encararlos… pero no fue capaz. Al final acabó dejando morir al general y el joven, resistiéndose pues los oficiales de la armada y los hombres quienes volvieron a sus respectivos territorios. La armada del aire y la marina también le devolvieron la espalda para defender sus territorios.

Como último recurso, trató de reclutar partidarios de la ciudadanía, pero no sirvió de nada. Las reformas del joven muchacho había hecho ganar la ira de los nobles pero para los ciudadanos, dichas reformas los habían salvado. Para la gente, el exministro era el salvador que los había rescatado de los tiempos difíciles. La ciudadanía no tenía afección por ese rey que había despedido al joven. Y así, el rey  terminó como el muchacho, aislado y sin amigos, rodeado por un gran ejército. Pronto sería asesinado como en el caso del joven la única diferencia es que el rey no tenía a alguien como el general que arriesgaría su vida por él.

Eso… era probablemente lo que se merecía. Por haber creído los falsos testimonios de sus enemigos, y por desgraciar a aquellos quienes realmente querían hacer algo por su país.

◇ ◇ ◇

Me quedé mudo del asombro de la historia que me había contado Alberto. Esa historia describía otra realidad. Cuando acababa de ser convocado a este mundo, había mencionado la fuerte propuesta de ‘ejército fuerte’, ‘país rico’ para evitar ser extraditado al Imperio (no sabía la verdad del asunto por entonces). Pensaba que si me dejaban el puesto de primer ministro, o ministro de finanzas, podría ser capaz de conseguir dinero suficiente para pagarles.

Pero si me hubiera convertido en primer ministro en lugar de rey en aquellos momentos, me habría encontrado con ese destino, un futuro diferente al mío de aquí y de ahora. Había muchos puntos en aquella historia que podía reconocer, sintiéndola extrañamente real y para nada una entelequia. Pensaba que era más bien como una simulación precisa… que en tal caso, quizás suene un pelín grosero, pero dudo que Alberto pudiera llegar a confeccionarla.

«…Parece como si hubieras visto la historia pasar.»

«En efecto, la hemos visto pasar. Ah, mejor podríamos decir… se nos ha mostrado la historia.»

«¿Mostrado?»

«Sí. Gracias al poder que mi esposa posee.»

¿El poder de su esposa? Instintivamente miré hacia lady Elisha, quien sonreía.

«¿Sabes que mi esposa es una usuaria de atributo oscuro como tú, verdad?»

«He oído hablar acerca de ello, pero parece que Liscia no sabe los detalles.»

«Lo que voy a decir es información altamente confidencial, por lo que por favor, no lo digas a nadie. Su poder es «implantar memorias en alguien en el pasado.»»

Así, Alberto prosiguió para contarme el “segundo capítulo” de la historia de antes.

◇ ◇ ◇

El rey, al haber perdido todo e incluso con los días contados por culpa de los nobles, cayó en un profundo arrepentimiento. Por qué había despedido el joven muchacho. Por qué no lo había considerado con más alta estima. Si no hubiera creído las difamaciones de los nobles, si hubiera apoyado al general y al joven, si hubiera continuado restableciendo el país, al menos, no hubiese tenido que encontrarse con tantas angustias.

Alguien con una inteligencia muy pobre, a este punto, se habría cegado de los errores que había cometido y habría culpado por todo a los actos del joven convocado, eso típico de “nada de esto hubiera sucedido si no hubieras venido”. Sin embargo, aunque el Rey era débil de mente, su esencia permanecía como una persona de corazón blando, por lo que tal idea no llegó.

Lo que pensó es que debería haber dado más ancho de banda al joven. Para empezar, se le debería haber entregado el trono en vez del puesto de Primer Ministro. De esa manera, podría haber dirigido el país mucho mejor de lo que él habría hecho. Así… su hija…

El rey cayó en la desesperación. Viéndolo en tal estado, la reina lo consoló.

«Has cometido errores, querido mío, poniendo fin a nuestras vidas. Pero con el uso de mi poder, podrías ‘verbalizar ese fracaso a tu yo del pasado’.»

La reina tenía un misterioso poder. Uno que podía contar a su yo del pasado la situación del futuro. Su yo del pasado que había recibido sus recuerdos experimentaría los recuerdos de su yo del futuro, como si rebobinaras el tiempo mismo. Y mediante el uso de aquel poder, la reina sobrevivió al atolladero de la lucha por el poder (aunque hablando estrictamente, lo había hecho enviando sus recuerdos antes de morir a su yo del pasado y así evitar el peligro).

La reina se disculpó ante el rey.

Había usado tal poder también para elegir su esposo, pero por alguna razón, no importa cuán valiente fuera el hombre, no importa cuánto aprendiera, el país estaba destinado a sumirse en la ruina. Había diferentes causas, tales como invasiones extranjeras, la guerra contra los demonios, la insurrección de los nobles o rebelión de los ciudadanos— la capital siempre acabaría consumida por las llamas. Solo el actual en aquellos entonces, rey mediocre, aunque no podía hacer crecer el país, podía hacer que sobreviviera. Además de solo conseguir tener una hija con el rey.

«No hay manera de cambiar el destino ahora, pero sí que hay manera de entregar a nuestros yos del pasado un diferente futuro ahora. Querido… ahora que nuestras vidas están echadas a perder, ¿acaso no querrías erigir un mejor futuro como acto final?»

El rey se decidió. Transmitiría sus arrepentimientos a su yo del pasado y este entregaría el trono al joven. Quizás era solo un acto de satisfacción personal, pero de alguna manera era una expiación, una manera de compensar aquellos sufrimientos que había causado a otras personas por sus actos. De esa manera, el rey y la reina dejaron que sus pasados yos recibieran las memorias actuales de aquel entonces.

El momento en el que recibieron las memorias fue cuando el joven muchacho fue convocado, cuando lo escucharon hablar sobre aquello de “enriquecer el país y fortalecer la armada”.

◇ ◇ ◇

«En otras palabras, éramos el rey quien recibió las memorias.»

Mientras escuchaba hablar al rey, me quedé fuertemente en shock. ¿Es esto un desliz en el tiempo…? No, ¿un viaje en el tiempo? La magia puede hacer cosas así…? Ah, pero solo regresa las memorias, no las conciencias en sí. Aun así, se supone que el hecho de poder regresar al pasado memorias debería causar paradojas temporales. El rey quien envió atrás en el tiempo las memorias no tendría que haber recibido dichas memorias en un principio. Lo que quiere decir que el poder de la reina probablemente pueda intervenir a nivel de una dimensión alternativa.

Es decir, desde el punto de vista del mundo al que se envían esas memorias, no se trataría del futuro, sino un posible porvenir… Aunque aun así, no creo que el rey y la reina pudieran entenderlo. El concepto de dimensión alternativa no existe, para empezar (aunque sabía lo que sabía por las historias de ciencia ficción). Aaaah, mierda, este no es un simple mundo de magia y espada, ¿verdad?

Mientras me encontraba confundido, el rey tomó un sorbo y dio un respiro.

«Hay que ver… quienes enviaron los recuerdos lo tenían mal, pero causa problemas también quien los reciben. En lo que respecta a cómo me siento, es como si hubiéramos vivido una vida donde te hice primer ministro, hubiese hecho algo estúpido y hubiera vuelto atrás en el tiempo. De no ser por la explicación de Elisha, por otro lado, hubiéramos pensado que simplemente habíamos vuelto atrás en el tiempo. No hemos hecho nada nosotros mismos, pero eso no cambia el hecho de que una ofensa se hizo a ti. Por lo que en lugar de mi otro yo, nos disculpamos. Lo sentimos muchísimo.»

El Rey inclinó la cabeza profundamente al decir eso.

«Eh, aunque te disculpes… no es como si lo hubiera pasado, por lo que…»

«Lo sabemos… esto es solo para nuestra satisfacción personal. Queríamos disculparnos, así que por favor, déjanos hacerlo.»

«…Si me lo pones así, supongo…»

Lo mejor sería dejar que se disculpen, creo. Por supuesto, dado que las cosas no me ocurrieron, no es como si pudiera empatizar.

«Entonces, a fin de hacer lo contrario con lo que sabíamos de esas memorias, te otorgamos el trono. Supongo que esto responde a la primera y tercera pregunta.»

La primera pregunta consistía en: “por qué entregasteis el trono a una persona que justo habéis conocido”, y la respuesta era que, en realidad, no era la primera vez que nos conocíamos desde el punto de vista del rey (aun teniendo en cuenta que técnicamente, sí que era la primera vez, fuf, qué complicado). La respuesta a la tercera cuestión, “por qué no queríais hablar conmigo hasta ahora”, era que estaban considerando si hablarme del poder de la reina o no. Además de asegurarse de que el futuro fuera por otro camino.

Y en segundo lugar, sobre la lealtad de Georg…

«¡Eh! No me digas, ¿se lo contasteis a Georg todo esto?»

«Somos débiles… Desde luego lo mucho para no poder guardar tal secreto entre nosotros.»

Alberto miró por la ventana. La luna se había escondido tras una nube en cierto punto, haciendo que el cielo se volviera sombrío.

«No creíamos que fuéramos capaces de crear un futuro diferente por nuestra cuenta. Le contamos absolutamente todo al hombre más digno de confianza del país, el general del ejército Georg Carmine, y le pedimos su cooperación. Luego creamos un plan para erradicar a los corruptos nobles que se convertirían en tus enemigos. El hecho de que Castor sospechara fue un desliz por nuestra parte, pero el plan ya había comenzado, por lo que no lo podíamos divulgar, y por culpa de eso te causamos angustia. Lo sentimos mucho.»

Ahora se explica el drama de la rebelión de Georg, el cual se juntó con todos los que se convertirían en mis futuros enemigos para acabar con todos de un plumazo a la vez que con él. Junto con el plan de Hakuya y el mío para subyugar Amidonia, verdaderamente se convirtió en algo grande, eh. Además que Roroa también se hizo con la suya. Ciertamente un tablero con muchos jugadores a la vez (Hakuya y yo, Georg, Roroa, y también lord Alberto… bastante, sí).

Intenté hacer que la gente bailara en la palma de mi mano pero más bien fui yo quien acabó siendo engañado. Pensaba que me encontraba despejando un camino para mi beneficio pero solo estaba recorriendo vías seguras…. esto es, en fin…

«De alguna manera, siento perder autoconfianza…»

«De ningún modo. Técnicamente, fuiste tú quien ha sido capaz de cambiar el futuro. Has anexionado Amidonia y reconstruido un país en ruinas, formando así un nuevo país, el Reino de Fredonia. Siento haber hecho lo correcto al entregarte la corona.»

«Me alegra oírte decir eso… pero, por curiosidad, ¿cuándo el futuro empezó a cambiar?»

«Desde el principio. Esta vez, Liscia se encontraba a tu lado desde el primer momento.»

«¿Liscia?»

Bueno, sí, Liscia me ha estado apoyando desde el principio, pero ¿por qué menciona su nombre ahora? En ese momento, la cara de Alberto se sumió en tristeza.

En el futuro donde eras el primer ministro, Liscia se encontraba también a tu lado. Era la secretaria de Georg, por lo que os conocisteis a través de él. Y la Liscia de ese mundo también reconoció tu talento y se enamoró de ti. Aun y cuando te despedí, venía siempre a intentar hacer que me retractara del despido. Sin embargo… el yo de esa época no escuchó el consejo, por lo que tristemente regresó a Randell donde te encontrabas tú. Y en Randell, la cual fue engullida por las llamas por culpa de los nobles, probablemente… al final…

Liscia… murió junto a mí. Antes lo había dicho, que ‘lo había perdido todo’. También se había referido con ello a la muerte de Liscia, su querida hija.

«¿Qué hay de mis otros aliados que promoví?»

«No se encontraban allí. No utilizaste el Orbe de Transmisión Real en ese mundo. Seguimos el consejo de aquellos que querían seguir con la tradición, y no te dejamos utilizarlo. Así pues, ni el concurso de talentos ni el programa que has hecho llegó a la luz.»

Ya veo… ahora que lo pienso de nuevo, la mayoría de nuestros miembros provenían del concurso de talentos que hice mediante la Transmisión Real. Sin esta, nunca me habría encontrado con Aisha, Hakuya, Tomoe y Poncho. Además, como Primer Ministro, Excel nunca me habría enviado a Juna, y tampoco me habría encontrado con Ludwin, Halberd y Kaede en el ejército. Había resultado esa acción en un gran punto de inflexión, eh…

Aunque el mayor apoyo que he tenido al usar la Transmisión Real era el trono el cual fui concedido, y el compromiso con Liscia, que dio legitimidad. Si no fuera por eso, no hubiera podido seguramente silenciar a aquellos que se oponían. Y pensándolo de esa forma…

«Cielo santo. Parece que Liscia fuera la diosa de la fortuna en esto.»

«Por favor, cuídala bien.»

«Por supuesto.»

La diosa que no me había abandonado ni siquiera en la adversidad. Si no la apreciara, la ira divina hubiera recaído sobre mí. Lord Alberto se levantó.

«Bueno, te hemos contado todo lo que sabemos. Con esto, nuestro rol verdaderamente ha acabado. A partir de ahora, el resto… dependerá completamente de ti.»

Mientras lo decía, lord Alberto rodeó con los brazos los hombros de lady Elisha, quien se había levantado a su vez.

«Estamos pensando en irnos de este castillo y vivir una vida tranquila en nuestro territorio.»

«¡¿Qué?! ¿Por qué?«

«Tener el anterior rey cerca puede invitar problemas innecesarios. Esto es algo que habíamos decidido desde el principio, el desaparecer del escenario una vez el futuro cambiara.»

Lo que vi en ese momento no fue la cara de un rey al que no se podía confiar, sino a un padre amoroso quien se preocupaba por sus hijos. Estaba esa cara… ¿dirigida a mí?

«Supongo que ya os habréis decidido.»

«Creemos que podemos dejarte a Liscia y al país en tus manos. Tanto Elisha como yo. Confiamos en ti, ‘hijo nuestro’.»

Me puse en pie y cerré el puño en el pecho.

«…Así será, lord padre.»

Nos saludamos con la cabeza. Lady Elisha estuvo todo el rato con una sonrisa. Y en cuanto me dirigía a salir de habitación, me detuve y miré hacia atrás, cuando estaba a punto de acercarme a la puerta.

«Hay una cosa que me gustaría preguntar.»

«¿De qué se trata?»

«Um, en el mundo donde yo fui el primer ministro, ¿encontrasteis por casualidad mi cuerpo y el de Liscia?»

«No, os convertisteis en cenizas esparcidas por el viento, ¿no? No quedó ni una sola mota.»

Ya veo… Con lo que nunca encontraron mi cuerpo. En ese caso…

«En ese caso es posible que sobreviviéramos.»

«¡¿Qué!?»

«Hubiera muerto de estar solo, pero Liscia se encontraba conmigo, ¿no? Si el yo de ese mundo se hubiera preocupado de ella tanto como lo hago ahora, no hubiera dejado entonces que le hubiese pasado algo. Aunque hubiera sido algo vergonzoso, seguramente me la hubiese llevado conmigo. Es posible que nos hubieran atacado las tropas enemigas mientras lo intentábamos, pero en ese caso seguramente hubieran capturado nuestros cuerpos. Y como no lo hicieron, eso significa que podríamos haber escapado.»

Es posible además que Georg se usara a sí mismo como cebo para ganar tiempo para escapar… bueno, eso sería como creer en alguna teoría de supervivencia tipo Yoshitsune. Pero bueno, ¿y qué más da? Si eso significaba aliviar un poco a este suegro de la culpabilidad que sentía, merecía la pena considerarlo.

«… Muchas gracias, hijo.»

Esas palabras fueron las últimas que escuché al salir de la habitación.

◇ ◇ ◇

«¿Qué haces aquí?»

Me encontraba en la terraza de la oficina gubernamental mirando el cielo nocturno cuando Liscia se aproximó mí con una manta.

«Me has encontrado, huh.»

«Hakuya me lo ha contado. Todo el mundo está ocupadísimo con preparar el concurso de canto, ¿sabes?»

«…Lo siento. Déjame estar un poco más aquí, porfa.»

La calidez de su cuerpo al entrar en contacto conmigo se sintió realmente bien. Mou… al menos abrígate un poco más.»

Y mientras decía eso, se puso la manta que había traído sobre mí y se metió dentro. La calidez de su cuerpo al entrar en contacto conmigo me reconfortó.

«Fuu… Sí, verdaderamente hace frío aquí afuera.»

«Obviamente, estamos en invierno.»

«Vaya, está nevando.»

«Buaa, es verdad.»

Cuando me dí cuenta, la nieve había empezado a caer de los nubarrones que se cernían sobre nosotros. Como si se tratara de polvo al principio y luego, gradualmente, convirtiéndose en unos grandes temblorosos copos de nieve. La nieve cayendo en la oscuridad, solo iluminada por las luces del castillo y la ciudad, formaba un maravilloso paisaje digno de mil elogios.

«Es hermosa.»

Susurró a mi lado Liscia. Observé su rostro de perfil mientras estaba allí, extasiada. Incapaz de contenerme, me quité la manta de encima y la abracé con la manta y todo.

«Qu— ¡¿Souma?!»

«…En realidad…»

Debería haber sentido frío, pero mi cara y cuerpo, por una extraña razón, se sentían cálidos.

«En realidad… hay algo que quiero decirte antes que Aisha, antes que Juna, antes que Roroa…»

«….»

«Liscia… te amo. ¿Querrías casarte conmigo?»

«… En serio. Después de todo este tiempo.»

Y mientras decía eso, Liscia sonrió, avergonzada, como si tuviera cosquillas. Luego se apartó suavemente de mi abrazo y puso sus manos sobre mi pecho, acercando lentamente su rostro.

«Sí. Yo también te amo, Souma.»

Nuestros labios se encontraron. A medianoche del trigésimo segundo día del decimosegundo mes (víspera de año nuevo).

Seguimos así por un tiempo, esperando el nuevo año acaecer.

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