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Genjitsushugisha no Oukokukaizouki vol 3 capítulo 16

Negociaciones G – Retirada

La tarde del día después de que estableciéramos la alianza secreta con el Gran Imperio del Caos, Jeanne, Julio y yo volvimos a reunirnos en la sala de audiencias. Todos se encontraban de pie (solo yo estaba sentado en el trono), y Hakuya, parado en diagonal frente a mí, se acercó al grupo de Julio, llevándoles un documento que contenía lo que habíamos decidido la noche anterior.

«El Ejército Real abandonará Van y regresará al Reino de Elfrieden.»

En el momento en que Hakuya hizo tal declaración, a Julio le apareció una mirada victoriosa en el rostro, pero Hakuya continuó.

«A cambio de eso, el Principado de Amidonia tendrá que pagar indemnizaciones al Reino de Elfrieden. Esto se considerará por separado del intercambio de prisioneros de guerra.»

Al escuchar dicha frase, Julio se puso pálido. Luego se acercó a Jeanne.

«¡Lady Jeanne! ¿Qué significa todo esto!?»

«Significa lo que significa… El Imperio ha podido devolver el territorio tal como prometió.»

Jeanne se encogió de hombros pero Julio se mostró reacio a aceptarlo.

«¡Me estás tomando por tonto! Pagar indemnizaciones… ¡es como si hubiéramos sido derrotados!»

«Fuisteis derrotados. ¿Acaso no te das cuenta de ello?»

«¡Nosotros no estábamos allí! No hemos sido derrotados. ¡Hemos perdido, simplemente, una sola ciudad!»

«Haz lo que quieras entonces. El Imperio no se involucrará en la lucha. Haz un alto el fuego o sigue luchando, como quieras…»

Al escuchar eso de Jeanne, Julio se quejó. Al ver que lo hacía, Jeanne suspiró.

«Para empezar, esa única ciudad… Bueno, dudo que sea correcto llamar a la capital una mera ciudad, pero ¿acaso no viniste, llorándome, ya que no habíais podido recuperar la capital que perdisteis? Habéis perdido la guerra y como líderes en la Declaración de la Humanidad, el Imperio restaurará las fronteras que se hayan cambiado de su estado original. No podemos hacer nada más que eso.»

«Pero las indemnizaciones…»

«Lord Julio. Mi hermana mayor María está terriblemente angustiada con respecto a la situación actual.»

Jeanne le hizo una mirada fría de rechazo a Julio.

«Habéis cometido un acto de agresión, haciendo uso de una laguna en la Declaración de la Humanidad, cuyo objetivo es unificar a la humanidad bajo la peligrosa amenaza del Territorio del Rey Demonio. Como líderes, no podemos dejar que este asunto continúe.»

«Eso es… porque el anterior príncipe Gaius…»

«Aún así, no hiciste nada para detenerlo por lo también tienes responsabilidad con los ciudadanos del Principado. De cualquier manera, para evitar cualquier otro agresor entre los signatarios de la Declaración de la Humanidad, hemos decidido que será necesario un castigo severo. Así pues, tendremos este asunto, el de su país, establecido como precedente.»

Fuaaa… Estaba siendo educada pero en realidad lo que decía venía a decir era: «os estamos haciendo un ejemplo para apretar la soga al cuello de los signatarios de la Declaración de la Humanidad.»

Julio hizo una cara enojada o tal vez angustiada. Apretó su puño y musitó.

«¿Y si no queremos…?»

«Como he dicho antes, podéis hacer lo que queráis. El Imperio se lavará las manos de la lucha y haremos que el Principado de Amidonia abandone la Declaración de la Humanidad.»

«¡P, por favor, un momento! Si hacéis eso, entonces nuestro país…»

«Sí, si no sois un país miembro, entonces el ataque contra vosotros no violaría la Declaración. Tú… discúlpame, vuestro Señor Padre, también tenía la misma opinión sobre el asunto, ¿no es cierto?»

El Principado de Amidonia estaba rodeado de otros países por todos lados. En el lado oeste, se encontraba la Nación Mercenaria de Zem, permanentemente neutral, la cual buscaba en todo momento aquello que le favoreciera. En el sur, estaba la República de Torgis que tampoco había firmado la Declaración de la Humanidad y tenía políticas expansionistas. En el norte, se encontraba el Imperio Ortodoxo Lunaria, quien era signatario de la declaración, pero tenía un sentido de valores diferente en comparación con otros países. Y, por último, estaba el Reino de Elfrieden al este. Por lo que si perdían la protección de la Declaración de la Humanidad, esos tigres se los comerían (ah, pero no nosotros).

El anterior príncipe, Cayo VIII, había mantenido su país aliándose con el Imperio, contratando a los Zemish, superando a Elfrieden que estaba bajo el débil gobierno del Rey anterior, y haciendo una demostración de fuerza militar en el sur, logrando así un equilibrio en la diplomacia. ¿Pero, acaso Julio tenía la capacidad para lograr todo eso? Incluso si lo llegaba a hacer, ¿tenía el joven Julio suficiente influencia para tenerlo todo bajo control? La influencia normalmente se ganaba gradualmente bajo el mandato del príncipe anterior, pero Gayo ya no estaba aquí.

Julio de ahora en adelante tenía que arreglar los difíciles problemas de las amenazas externas y liderazgo interno en sus subordinados. Si durante ese tiempo crucial dejaba la Declaración de la Humanidad, no podría tomar prestada la influencia del Imperio y caería rápidamente en jaque mate. Julio también lo entendió, y por eso, inclinó amargamente la cabeza hacia Jeanne.

«Así lo haremos… Cumpliremos vuestros deseos.»

«Una buena decisión, lord Julio.»

Como la discusión había llegado a una conclusión, procedimos con la cantidad de dinero esencial que nos tenían que pagar. Presentamos una suma de oro equivalente a la de tres años del ingreso nacional de Amidonia, que se pagaría en cuotas anuales durante diez años. Además, solicitamos que se pagara en monedas de oro imperiales. En otras palabras, solicitamos casi un tercio de su ingreso nacional en lo que serían los próximos diez años. Julio naturalmente se opuso, pero Jeanne lo persuadió (¿coaccionó?) a que aceptara. Para Amidonia, que gastaba la mitad de su ingreso nacional en militares, tenía esto como consecuencia robarles poder militar. Podrían pagar la cantidad reduciendo el personal militar, pero no estaba seguro de si Amidonia podría hacerlo.

«Lady Jeanne. ¿Qué sucedería si el pago se retrasara?»

«Muy bien. En dicho caso, el Imperio autorizaría la transferencia de Van a Elfrieden.»

«Kuh…»

Julio estaba mortificado, pero no dijo nada más. Habiendo concluido eso, le hice una propuesta a Jeanne.

«Pero lady Jeanne… Sería posible que demorasen los pagos mientras endurecen la defensa de Van. Aun si el Imperio está involucrado, sería un gran problema tomar la capital una vez haya sido devuelta. Por lo que nos gustaría tener garantía para los pagos.»

«¿Garantía?»

«Algo para que podamos conservar hasta que se realizaran los pagos. Si no pueden pagar, la garantía se convertiría en nuestra. Por supuesto, la devolveríamos una vez se realizaran los pagos.»

«Ya veo… ¿y qué es lo que quieres?»

«Su Orbe Real.»

«¿¡Qué!? ¡Nuestro país solo tiene uno de esos!»

Julio estaba indignado. Bueno, la transmisión real era un tesoro que no se podía hacer con la tecnología actual. Probablemente valdría cerca de dos años del ingreso anual de Amidonia.

«No usáis de todos modos, ¿verdad? ¿Hay algún problema en que nos lo deis?»

«¡Qué tontería! ¿Estás tratando de poder solicitar nuestros ciudadanos?»

«Podrías simplemente cambiar las frecuencias en los receptores, ¿verdad? De esa forma, no recibiríais ninguna transmisión de Elfrieden.»

«Uf… pero aún así…»

Se le notaba que estaba angustiado, pero inesperadamente, obedeció sin resistencia. Solo lo usaba para las transmisiones programadas al comienzo de cada año, aunque era muy útil. Julio que había adoptado una doctrinas militares no entendía su valor. Creo que quizás solo lo estaba considerando como un gran adorno.

Mientras pensaba en esto, Hakuya susurró, «¿Su alteza, podría…?»

Levanté mi ceja.

«Uh… ¿no es solo tu hobby?»

«¿Qué dice… ? Es eso la cristalización de la sabiduría.»

«Humm… bueno, escucha, lord Julio»

«¿Qué pasa?»

«Para compensar el déficit en la garantía [1],[ps2id id=’1a’ target=»/] nos gustaría custodiar todos los libros en este castillo.»

Esto fue lo que Hakuya había propuesto. La custodia de los libros que habían acumulado polvo en los archivos de Amidonia. El papel era precioso en este mundo y los libros no circulaban por todos lados. Era muy posible que Amidonia tuviera libros que Elfrieden no tenía. Además, cuando se trata de libros, existía la posibilidad de copiarlos mientras estaban bajo nuestra supervisión. Julio resopló.

«Está bien, supongo. Pero no toquéis nada más. Especialmente las armas y armaduras. No os perdonaría si las tomarais.»

«Vendimos algunas para recaudar fondos.»

«Gh, ¡no pongais vuestras manos en nada más!»

«Está bien…»

¿Por lo que las armas eran más importantes que los libros? Teniendo en cuenta la época, esa podría ser la línea de pensamiento dominante, por lo que no entendía la gravedad de dejar afuera el conocimiento del país. Mirando a Jeanne, quien sonrió irónicamente, parecía que estaba pensando lo mismo. Ahora que la discusión sobre las indemnizaciones estaba hecha, podríamos comenzar a discutir todo lo demás.

«Queremos que Elfrieden devuelva a los soldados tomados como prisioneros por el Ejército de Elfrieden.»

«Está bien, pero cualquier persona clasificada como noble, caballero o superior tendrá que ser rescatada.»

«Está bien…»

«Sin embargo, hemos llevado a cabo investigaciones sobre los criminales de guerra que atacaron aldeas y saquearon ciudades en nuestros país, y elaboramos una lista con ellos. Aquellos entre los prisioneros que estuvieren en la lista serán juzgados por nuestro país y no podrán ser devueltos. Además, los nombres en la lista que están en tu país, nos gustaría que los entregases. El regreso de los presos no comenzará hasta que eso suceda.»

«Guh… Muy bien… Por cierto.»

Mientras recibía la lista de criminales de Hakuya, Julio inquirió:

«¿Está Roroa entre los prisioneros a los que regresarás?»

¿Roroa? ¿quién es ese?

«No lo sé. ¿Quién es?»

«Roroa Amidonia. Mi hermana menor desaparecida. Debería haber estado en Van durante la batalla.»

«¿Hermana? Cuando Van se rindió, permitimos que todos los que se querían ir se fueran. La única gente que estaba clasificada como noble o caballero que quedaba era solo Margarita. No recibimos información que apuntara la captura de una de la realeza.»

«… Bien, entonces.»

Así, Julius detuvo la discusión como si no le interesara. Su hermana había desaparecido, ¿verdad? Pero estaba actuando con indiferencia al respecto. ¿Acaso no le preocupaba?

«¿Necesitas que busquemos testigos?»

«No hay necesidad.»

«¿No hay necesidad…?»

Hakuya luego me susurró al oído.

«(Es probable que estuviera cauteloso para que no sucediera una lucha de poder a fin de poder quedarse él con el trono. En base a lo que he investigado, lady Roroa es partidaria de favorecer los asuntos de los civiles, un personaje raro en Amidonia. Como militar empedernido, lord Julio no es popular entre funcionarios civiles. Debe temer que lo rechazaran y apoyaran a Roroa).»

«(¿No es ella su única familia ahora que Gaius se ha ido?)»

«(Los Reales a menudo son así)»

«(Supongo que sí…)»

Incluso si nos fijáramos en la historia de la Tierra, las luchas de poder entre familiares no eran raras cuando hablábamos de la realeza. De manera similar, en Elfrieden, cuando la madre de Liscia heredó el trono, la familia estuvo cerca de la aniquilación debido a luchas entre los de la familia. Pero aún así… ya que yo era una persona que conocía la soledad de no tener familia, pensé que al menos que habría apreciado a su única hermana. Supongo, simplemente, que no podré estar de acuerdo con Julio en nada, después de todo.

«Ah, eso es correcto. Hablando de Margarita, al Reino le gustaría tenerla. Ya que ha cooperado para pacificar Van, tendrías problemas en tenerla, ¿verdad?»

«¿Margarita Wanda…? Hmph, lo aceptaré con la condición de que liberes a cinco prisioneros nobles que estén bajo tu custodia.» [2][ps2id id=’2a’ target=»/]

Al decir eso, Julio hizo una especie de mirada desagradable, como si estuviera buscando ventajas. En lugar de pensar que podía quitarse de en medio un general que sería difícil de controlar, encontraba el rescate de sus subordinados obedientes lo beneficioso del trato.

«Bien…»

«Hmph… Querer un general de ese nivel, el Reino tiene que estar falto de líderes»

Me sorprendí a mí mismo al haber querido decirle que ‘la razón por la que había perdido era porque solo evaluaba el valor de la gente a nivel militar’, pero como no había necesidad de ayudar a mi enemigo, me contuve.

Una vez que concluyeron los asuntos principales, declaré el final de las negociaciones. La conclusión había sido: «El Reino de Elfrieden devolverá a Van, a cambio de una suma de indemnizaciones pagadas.», «Amidonia recuperará Van a cambio de pagar esas indemnizaciones», y que «el Imperio se haría mediador de la disputa», que había estado satisfactoria al fin y al cabo. Amidonia era la única facción perdedora, ya que el Imperio no había sufrido pérdidas y el Reino había obtenido ganancias decentes, aunque no grandes.

«Lord Julio.»

Cuando terminaron las discusiones, Julio hizo ademán de darse la vuelta como diciendo que no tenía nada más que decirme, pero lo llamé.

«¿Qué…?»

«Un pensador político de mi mundo (Maquiavelo) decía: ‘aquellos que por modos valerosos se convierten en príncipes adquieren un principado con dificultad, pero lo mantienen con facilidad. [3][ps2id id=’3a’ target=»/] Añadiendo: ‘los que por buena fortuna se convierten en príncipes tienen pocos problemas para levantarse pero mucho en mantenerse en la cima. [4][ps2id id=’4a’ target=»/]

«¿Hm? ¿A qué te refieres?»

Julio se giró y me miró a los ojos.

«Gané Van en una pelea contra todos vosotros. Ahuyenté a casi todos los nobles y caballeros, y eliminé a todos aquellos que pudieran convertirse en mis oponentes políticos. Por lo tanto, si continuara gobernando Van, no habría ningún problema significativo. ¿Pero podrías decir tú lo mismo?»

«¿Qué estás diciendo? Este es mi país al fin y al cabo.»

«Pero la ciudad pertenecía al territorio de Elfrieden hasta estos momentos. Por eso, confiaste en la ‘Dignidad del Imperio’, es decir, la fuerza del otro, para recuperar la ciudad. A esto es a lo que Maquiavelo se refiere por «únicamente por buena fortuna que se convierte en príncipe.»»

En la historia, había quienes ganaban el señorío [5][ps2id id=’5a’ target=»/] a través de o porque pertenecía a la familia con el poder o por el respaldo de estados poderosos. Sin embargo, aquellos que rápidamente se levantaban como jefes del estado lo perdían todo en el momento en que desapareciese dicho respaldo. El gobernante ideal que había imaginado Maquiavelo, el condottiero italiano Cesare Borgia, había caído en desgracia cuando murió el respaldo, que era su padre, el Papa de Roma, Alejandro. O tal vez como cuando durante la guerra entre Xiang Yu y Gaozu, este último hizo que al Rey De Chu lo matara un campesino, una vez que juzgó que su utilidad había terminado.

Julio, quien había tomado prestada la autoridad del Imperio para recuperar su propia capital, seguramente sería menospreciado por los nobles y campesinos de Amidonia por igual, ya que Cayo VIII, quien había infundido miedo mediante la fuerza de las armas, ya no estaba allí. Por lo que me preguntaba si Julio, quien había sido destruido con tanto impacto, podría controlar a los señores nobles, y además poderse hacer amigo de las masas de Van mejor que yo, y ganarse su confianza.

«’Aquellos que sin dificultad ganan su principado deben hacer grandes esfuerzos después’. En lugar de guardar tu rencor, creo que deberías gobernar por el bien de la gente primero.»

«¡Eso no es asunto tuyo!»

Rechazando por completo mi insincero consejo, Julio abandonó el lugar. Una vez ido, Jeanne se encogió de hombros y dijo: «pues nada», a lo que yo me acerqué y le estreché la mano.

«Me iré, entonces.»

«Ha sido una discusión muy fructífera. Por favor envíe mis saludos a lady María.»

«Ciertamente. Señor Hakuya, mucha salud a ti también. Compartamos nuestras quejas a nuestros señores alguna vez más.»

«Por supuesto. Prepararé el barril de vino.»

¿Qué diantres? ¿Tienen suficientes quejas como para preparar un barril de vino? Cuando lo miré, obviamente apartó la vista. Al ver eso, Jeanne se rió entre dientes.

«Reunámonos como iguales la próxima vez. Espero con ansias el día en que hermana mayor  y rey Soma se pongan lado a lado en contra del Rey Demonio.»

«Lo mismo digo. Con ansias lo espero, también.»

Nos agarramos fuertemente las manos. Mi respuesta había sido tardía, porque por un momento las palabras «estar de pie uno al lado del otro» se habían quedado en mi mente. ¿Hasta dónde podría adelantar la ‘era’ de Elfrieden, hasta que llegue tal momento? Querría al menos hacer que el vehículo que llevase al Rey al campo de batalla no fuera un caballo para entonces.

◇ ◇ ◇

Una vez se decidió la retirada, el ejército elfrideniano se movió rápidamente. Ahora que el regreso de Van había estado decidido, sería un desperdicio de fondos de guerra quedarse más. El ejército elfriedeniano hizo retroceder a las tropas tan grandiosamente bien como lo habían hecho cuando entraron. El número de tropas amidonianas cerca de Van era muy pequeño y todavía estaban bajo la vigilancia del ejército imperial; no había necesidad de preocuparse de que nos persiguieran.

Justo como cuando llegamos, me encontraba en el medio del desfile, montando al lado de Liscia, en un caballo, con Aisha guiando las riendas. Los ojos de los ciudadanos de Van habían estado llenos de miedo entonces, pero ahora la atmósfera había cambiado un poco. Sin que hubiera siquiera habido un anuncio, las masas se habían reunido a lo largo de la ruta del desfile, con actitudes algo ansiosas. Liscia parecía dudosa.

«Me pregunto por qué todos se ven así? Lo entendería si estuvieran contentos de haber sido liberados o aliviados de que finalmente nos hayamos ido…»

«Probablemente estén preocupados. Vuelven a estar bajo Amidonia después de todo.»

«¿Preocupados? Simplemente vuelven a estar como estaban, ¿no?»

«Exactamente por eso. El hecho de que vuelvan a estar como antes es lo que les preocupa.»

Murmuré mientras miraba hacia adelante.

«Van estaba gobernado bajo la tiranía de la familia real amidoniana. Nunca lo habían cuestionado, ya que se trataba de una cuestión que siempre había sido así, pero ahora se habían dado cuenta, bajo la ocupación del Ejército Real, de que no era el curso natural de las cosas. Eso es porque a diferencia del príncipe, les he permitido ciertas libertades como la de expresión. Es por eso que ahora que nos vamos, vuelven a estar ansiosos de volver a esa vida bajo opresión de nuevo.»

Bueno… así es como son las cosas. Una vez que Julio entre en Van, estoy seguro de que acabaría con esta atmósfera laxa. Liscia miró a la gente a lo largo de la procesión con piedad.

«El no poder volver a sus vidas anteriores por conocer la libertad… Es como una adicción»

«Creo que es una forma extraña de decirlo… ¿no podrías haberlo dicho un poco mejor?»

«Es verdad, ¿no? Aunque sea su propio país, ¿es tan fácil cambiar sus identidades así como así?»

«Hay un dicho en mi mundo que asevera que «la tiranía es más espantosa que un tigre». En este caso, supongo que lo que convendría decir es «el despotismo es más odioso que un conquistador». A las masas no les importan demasiado el deber y el honor. Si su propio país los benefician, lo defenderán, y si otro país los beneficia, les abrirán las puertas voluntariamente.»

Cuando dije eso, Liscia suspiró, «fuuuh»

«Siempre hablamos del lado más oscuro del mundo cuando estoy junto a ti.»

«¿Acaso lo odias?»

«¡Para nada!»

«¡¿Por qué Aisha está respondiendo también?!»

«¡Nunca me he sentido mal al caminar junto a su alteza!»

Es muy leal conmigo. A este ritmo, no sería raro si recibiera el apodo de ‘el Perro del Rey’ pronto. Al ver a Aisha así, Liscia soltó una risita.

«Me siento igual. Estoy dispuesto a aceptar la realidad si es contigo, sin importar cómo sea.»

«Ya veo…»

Ahora, volvamos. Volvamos a nuestro Reino.

☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽

[1][ps2id id=’1b’ target=»/] La garantía es de dos años de ingresos, mientras que la principal es de tres años.

[2][ps2id id=’2b’ target=»/] NT: ¿Acaso Souma no había dejado que escaparan los nobles y caballeros? ¿Desde cuándo tiene los nobles entonces? (Si me lo podéis explicar, por favor, adelante. 🙂

[3][ps2id id=’3b’ target=»/] El Príncipe, Capítulo VI

[4][ps2id id=’4b’ target=»/] El Príncipe, Capítulo VII

[5][ps2id id=’5b’ target=»/] Lordship, en inglés.

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