Genjitsushugisha no Oukokukaizouki vol 3 capítulo 23

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Como soberano D – Castigo

Justo detrás de los nobles decapitados unas diez figuras oscuras aparecieron. Sus caras estaban envueltas en ropa oscura con un estilo parecido a los atuendos típicos de los shinobi. En sus manos sostenían espadas revestidas de sangre, obviamente siendo estos, los que se habían cobrado las vidas de los aristócratas. La súbita presencia de aquellos hombres y a su vez, su súbita violencia, entrecortó la respiración a todos.

«¿Eh? ¡Souma!»

«¡Su majestad! ¡Póngase detrás de mí!»

Liscia y Aisha trataron de cubrirme poniéndose delante de mí con las espadas desenvainadas, pero gentilmente puse mis manos en sus hombros.

«Está bien. Son subordinados míos.»

«Subordinados… ¿eh?…»

Mientras que Liscia entraba en estado de confusión uno de los hombres se acercó a donde me encontraba. A diferencia de los demás hombres, que llevaban unos sencillos ropajes shinobis, este llevaba una armadura muy impresionante. Medía cerca de dos metros y tenía un muy musculoso cuerpo que incluso podía apreciarse a través de la armadura. Del cuello hacia abajo podía decirse que era la personificación de un caballero oscuro, pero su cara se mostraba cubierta por una máscara de tigre. Máscara de Tigre se arrodilló ante mí e inclinó su cabeza.

«Misión cumplida, milord.»

Máscara de Tigre lo anunció con una voz grave como se esperaría de su apariencia.

«¿Eh? Esa voz… mmm…»

Liscia se mostró a punto de decir algo, pero apreté la mano que tenía puesta en su hombro fuertemente. Me miró y pareció darse cuenta de algo. Silenciosamente envainó su espada. Fijándome en Excel, tenía los ojos abiertos de par en par, pero estoy seguro de que sabía lo que pasaba. Cerró los ojos. Entonces le dí una palmadita en el hombro a Aisha, quien aún estaba alerta.

«Aisha, también deberías poner esa espada abajo.»

«P-pero…»

«Su nombre es Kagetora. Es el líder de la fuerza inteligencia bajo mi mando directo, los Gatos Negros.»

En cuanto dije eso, los Gatos Negros levantaron las espadas hacia delante en sincronía. Por consecuencia de haber sido engañado por el servicio de inteligencia Imperial en Van, recientemente había tenido que organizar una unidad para que se especializaran en servicios de inteligencia bajo mi control. Así, podría contrarrestarlos. Para ser más precisos, cogí los pocos operarios de inteligencia que Hakuya tenía, augmenté sus números, de estos, hice una tropa de élite, puse a Kagetora —quien ostentaba una maravillosa capacidad de liderazgo— como líder en funciones, y, los reformé para fueran una unidad bajo mi supervisión directa.

Son una unidad con muchos secretos. Nadie sabía quienes eran los integrantes y además, es un misterio cómo habían conseguido trabajar en harmonía aun teniendo en cuenta que se constituyeron como grupo el otro día. Y en particular, la identidad de Kagetora era lo más enigmático de todo esto. Al ver cómo maneja esa misteriosa unidad como si se tratase de sus manos y pies, daba la impresión de haber sido un general que había estado en servicio durante un largo tiempo, pero ¿acaso existía una persona como esa en Elfrieden? ¿Quién era? Nadie lo sabía.

«Una cosa, Souma. ¿Es Kagetora…??»

«Nadie sabe quién es en realidad. ¿Capisce

«Ah, vale…»

Liscia vigorosamente asintió con una expresión que decía «no puedo decir nada». Inmediatamente después, ordené a Kagetora y al resto de Gatos Negros: «en cuanto acabéis de limpiar este estropicio, contactad con los soldados estacionados cerca de sus residencias. Haced que entren y apoderaos de las pruebas. Suprimid cualquier resistencia.»

«A sus órdenes.»

Los Gatos Negros marcharon después de quitar de en medio los cuerpos. Kagetora fue el último de salir de la plaza después de observar fijamente a Liscia. En cuanto se despidieron, Liscia me miró con dureza demandado: «Me vas a explicar esto, ¿verdad?»

«Sí, pero… ¿Dónde debería empezar?»

«En primer lugar… Dime por qué mataste a los nobles.»

«Sí, supongo que debería empezar por aquí…»

De manera poco apresurada, expliqué el por qué de la matanza.

◇ ◇ ◇

«Acerca de por qué acabé con esas diez casas, eso se debe a que tenían conexiones también con Amidonia. Había estado investigado y confirmado por Hakuya y Georg.»

«¿Quieres decir que estaban confabulados con Amidonia?»

«No del todo. He dicho «también». Tenían conexiones con Amidonia, como también las tenían los nobles corruptos partidarios de la revolución, como la tenían también de nuestro lado.»

«¿Eh? ¿Eso qué quiere decir?»

Significa que eran personas con doble vara de medir. Según les convenía, se posicionaban en un lado u otro.»

Aquellos nobles siempre habían demostrado que intentarían pegarse al lado ganador evitando los problemas. Aunque si fueran solo eso, no los podría distinguir de aquellos nobles que se mantenían neutrales en la Batalla de los Tres Duques, pero la cosa cambiaba si además tenían conexiones con potencias extranjeras. Cuando el Reino se mostraba aletargado no tuvieron reparos en ser unos lamebotas con Amidonia —cuando los tres duques declararon la guerra— y ahora venían a mí.

«Así, una vez se hubieran garantizado seguridad, esparcirían descontento detrás de las sombras. Funcionaría de tal manera que las personas con inseguridades se convertirían en peones fáciles para ellos. Ganarían beneficios de proporcionar bienes y personas al bando rebelde, y si estos se debilitasen acabarían con ellos para ganar mérito. Si empezara a haber sospecha alguna contra ellos instigarían el malcontento a otra parte de forma que esas miradas de sospecha se volverían a otra parte… Habían hecho eso una tras otra vez durante el reino de tu padre.»

«Qué dices…»

«Y lo más peligroso de ellos es que no lo hacen directamente ellos mismos y además, actúan como si fueran servidores leales cuando estamos fuertes, lo que significa que es difícil de condenarlos. Hacen su trabajo adecuadamente cuando estamos en la cima, al fin y al cabo. Aquellos gobernantes que creen en el poder político, quienes son gentiles y confiados hacia sus subordinados, son los caen en sus artimañas pensado “estaré bien si establezco una administración estable. No hay necesidad de antagonizar tus propios aliados.”»

«Pero… acabaste con todos, ¿no?»

«Tengo serias dudas que mi reinado siempre se sea estable. De hecho, creo que algún día me encuentre en una encrucijada del destino. En esos momentos, los hipócritas como ellos van a ser muy perniciosos, te lo aseguro. Si hicieran daño a las personas que me importan, como tú, Aisha o Juna, sería demasiado tarde para decir “ojalá los hubiera matado cuando hubiera tenido la oportunidad.” Si eso pasara, probablemente enloquecería. Por lo que he decidido cortarlo todo de raíz.»

Maquiavelo decía que los asuntos del mundo están gobernados por la fortuna, ya que los hombres con su saber no pueden dirigirlos y nadie puede ayudar a que lo contrario sea. No obstante, esa fortuna es el árbitro de la mitad de nuestras acciones, dejándonos dirigir la otra mitad o quizás un poco menos. La fortuna de una persona depende de si sus acciones se ajustan a la época, pero solo se puede ver una vez se haya acabado. Sin embargo, haciendo empleo de la preparación de las cosas anteriormente, uno puede revertir la corriente en algo mucho más manejable.

Lo más importante es no ser optimista acerca de la situación y ser decisivo en poner en duda todo aquello que se puede poner en duda (en palabras de Maquiavelo, “la fortuna es como una mujer, si quieres seguir teniéndola bajo tu control es necesario pegarla y mal usarla”. Aunque una feminista explotaría de la rabia al escuchar esto). Es por eso que, aunque había vacilado, me había resuelto con acabar con los líderes de las doce casas.

En cuanto acabé de hablar, Lisica finalmente asintió.

«Entiendo tu razonamiento. Pero ¿qué harás con los lords Saracena y Javana, a quienes se les ha mandado desocupar sus sillas?»

«Sobre eso, por favor, dejadme aclararlo.»

Hakuya dio un paso hacia delante.

«Los anteriores lords de Saracena y Javana habían solido trabajar con las otras doce casas, pero con sus muertes esas relaciones se cortaron. Acerca de los dirigentes actuales, lord Piltory es un buen joven hombre quien sobresale en la pluma y espada, mientras que lord Owen es un sobrio hombre de sangre caliente. Ellos servirán a su alteza sin doble moral. Creo que podemos ver eso al observar en cómo se comportaron al haber sido forzados a abandonar la plaza.»

«Así que cuidadosamente escogéis quienes ejecutáis.»

«En efecto. Las personas ejecutadas han sido aquellas que no se encuentran sin ninguna culpa. Debería estarse irrumpiendo en sus residencias para recoger pruebas mientras estamos hablando. No es recomendable para nosotros subvertir el orden de evidencia y ejecución, espero que lo entienda.»

Habiendo dicho eso Hakuya se inclinó. Esa era probablemente la manera de ir a la par conmigo. Estaba teniendo cuidado de no dejar que mi relación con Liscia y las otras se volviera extraña al comunicar que no había ejecutado a los nobles solo por una mera suposición. Liscia pareció entenderlo bien por lo que no preguntó nada más. Hay que ver… Qué tan confiable persona y (futura) esposa.

«Lo entiendo sobre los doce, pero qué pasaría si los otros dos lords tratasen de ganarte tu favor.»

«En ese caso, trataría de provocarlos para que se enfadaran. Bueno, si hicieran eso a su majestad, no podríamos confiar en ellos después, no obstante.»

«Lo has pensado en tal profundidad, huh….»

Liscia me miró en shock. Bueno, uh, todo eso de leer los corazones de los demás pertenece al área de responsabilidad de Hakuya, sabes. No soy ese tipo de personaje malvado… quizás. Al ver que miraba hacia otro lado, Liscia dio un suspiro.

«… Por lo que qué harás con Carla y su padre?»

«Me disponía empezar esa parte ahora.»

Me paré frente al esposado Castor. Me miró directamente a la cara. No había en sus ojos ni una pizca de esa resistencia que había tenido anteriormente.

«Castor Vargas. Desde que desobedeciste el Consejo Final, de manera efectiva estás considerado como ‘traidor’.»

«… Lo entiendo.»

«¿Qué pasa? ¿No te has vuelto muy sumiso, de repente?»

«No lo suficiente después de haber presenciado ‘eso’. No te puedo llamar novato, ya.»

Después de mostrar cómo había lidiado con los doce nobles, su opinión sobre mí parecía haber cambiado a Castor, ya que inclinó su cabeza más profundamente que antes, presionando su frente contra el suelo.

«Por lo que por favor, déjame cargar con todos los crímenes. Por favor, al menos, ten misericordia de Carla.»

«Eso no decides tú.»

Le hice callar con un tono frío.

«Daré mi veredicto. Tu crimen de traición es evidente, pero como Piltory y Owen han señalado antes, tus servicios protegiendo el país deben ser reconocidos. Además, tus títulos, tierras, bienes y la casa Vargas ya se te han expropiado. En consecuencia, dejaré que conserves la vida.»

Señalé a Excel quien se encontraba silenciosamente viendo el desenlace.

«La persona de Castor será confiada a lady Excel, pero no podrá poner pie en el ducado de Vargas. Eso incluye la no posibilidad de contactar con el sucesor de la casa Vargas, Carl, y su madre Accella. Excel, esto ha pasado por lo que tu yerno ha perpetrado, véelo correctamente.»

«¡Sí! Acepto la sentencia.»

Aunque los ojos se le llenaron de lágrimas, Excel dio una sólida respuesta. Vi sus labios decir “muchísimas gracias”. No le di importancia y entonces me paré ante Carla, quien me dio una débil mirada.

«Carla, eres culpable del mismo crimen. No obstante, no tienes ese “más de cien años de servicio” a tu favor. No hay nada con lo que reducir la pena.»

«…»

«P-por favor, ¡espere! En tal caso, por favor, ¡máteme! Fui yo quien ordenó que a las Fuerzas Aéreas que apuntaran sus espadas al rey. Por lo que déjeme en vez de Carla…»

«¡Silencio!»

Di un bramido a Castor, quien otra vez se encontraba presionando la cabeza en el suelo, y ordené a los guardias que se lo llevaran. Gritó “¡tenme en vez de a ella!” todo el rato, pero no tuve obligación alguna a oírlo. Una vez las cosas se calmaron, continué.

«El crimen de traición es evidente, pero no sería correcto dejar al perpetrador principal vivir mientras matas a su hija. Por esa razón, tu vida se te será perdonada, pero de ahora en adelante vivirás como esclava. El propietario será… mi persona.»

«Sí…»

Carla débilmente asintió al ser ordenada ser mi esclava. Pareció que Excel quiso decir alguna cosa, pero se lo aguantó. Hakuy cerró los ojos, Aisha nerviosamente observó el aire que se respiraba en el lugar, y finalmente, Liscia, no hizo movimiento alguno, mirando mis actos en silencio.

«Te daré tus instrucciones a su debido tiempo, pero hay una orden que me gustaría darte.»

«… Como desee.»

Me aproximé a Carla, quien tenía la cabeza mirando hacia abajo, y le susurré a su oreja una “cierta orden” que solo ella podía oír.

Y en cuanto lo hice sus ojos se abrieron de par en par.

◇ ◇ ◇

No podía creer mis oídos. El rey Souma me susurró la orden a mi oreja.

(Mátame)

Me sorprendí. Miré con ojos desorbitados al rey Souma, quien asintió.

(No ahora, claro. Pero si alguna vez me convirtiera en un tirano, será tu trabajo el poner mi vida un fin. Con tu valentía, debería ser una tarea fácil matarme, ¿no?)

Mátame si alguna vez me vuelvo un tirano… ¿¡qué dice, tan de repente!?

(¿Por qué me dices esto…?)

(Porque Liscia y los demás nunca podrían hacerlo)

De manera incómoda, Souma sonrió mientras lo decía.

(Sucede que ha aparecido mucha gente que me importa antes de que lo supiera. Mira el otro día, conseguí otras prometidas aparte de Liscia. Incluyendo a la Aisha que hay allí.)

(Bueno… ¿felicidades?)

(Gracias. Eso en sí mismo no es un problema pero… Temo que algún día abusara de mi poder y acabara siendo un tirano. Me preocupa si Liscia y los otros podrían ser capaces de pararme los pies.)

(Liscia podría, creo. Es una persona muy seria.)

(¿Quién sabe? Ella me reprendería por el libertinaje o la masacre de civiles plebeyos, pero ¿qué pasa cuando tuviera justificación, como ahora? No creo que el hecho en sí de ejecutar sea un problema si se hace de vez en cuando, pero cuanto más lo haces más se convierte todo en una situación irreversible. Si eso pasara ¿sería Liscia capaz de echarme?)

… Eso … Sería probablemente imposible.

(No soy la más indicada para decirlo, pero… Liscia está enamorada locamente de ti. Creo que está dispuesta a seguirte aun si caes abajo al infierno.)

Es una seria mujer, que cuando se propone algo, da hasta la última gota de su corazón. Probablemente se sacrificaría por Soma hasta el final. Souma asintió.

(¿A que sí? Aisha es probable que se comporte de la misma forma… y no estoy muy seguro de Juna. De todos modos, hay mucha gente a mi alrededor que lo pasaría muy mal por mi causa. Por lo que tú, Carla, antes de que las personas que me importan cayeran en tristeza por mi culpa, tendrás como obligación detenerme.)

(…Pero soy una esclava. Si matara a mi amo, el collar me mataría.)

(Sí. Por lo que, debes estar decidido a morir conmigo cuando lo hagas.)

Con qué facilidad decía esas cosas tan ultrajantes. Me estaba diciendo que me convirtiera en la espada asesina si se volvía en un tirano que debiera ser parado a todo coste, y no solo tenía que matarlo, sino además, me había obligado a mí que muriera. Esa era la razón por la que me ha dejado estar a su lado como esclava, para que fuera un elemento disuasorio que le impidiera volverse un tirano.

(De verdad… nunca va fácil, ¿no?)

(Solo voy fácil con las personas que me importan.)

(Es su propia persona, sabe. Aun así, entiendo lo que quiere decir.)

Justo antes de la batalla de Amidonia, pensaba que se tenía demasiado poco respeto. Tenía que tratarse mejor… Así la gente no tendría que preocuparse tanto por él. Liscia, te has enamorado de una persona difícil. …Supongo que debería ser yo quien proteja el amor de mi querida amiga lejos de un triste futuro. Me incorporé e hice una profunda reverencia.

«Entiendo y acepto sus órdenes. Hasta ese día, y deseo que nunca venga, me dedicaré a servile.»

Soma asintió con satisfacción por mi respuesta.

«En estos momentos, todavía no tengo un trabajo en específico que se adecue al rol tuyo de esclavo, así que de momento… ve y escucha bien a la chambelán ‘senpai’ de allí.»

Mientras decía eso, desvió la mirada de una manera obvia. Liscia parecía horrorizada desde lo más profundo de su corazón… ¿eh?

☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽

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Genjitsushugisha no Oukokukaizouki vol 3 capítulo 22

Genjitsushugi Yuusha no Oukokukaizouki español

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Como soberano C/D – Investigación

Aviso: Este capítulo es una pequeña reflexión que hace Souma presentada a modo de informe ligero. Aquellos lectores que piensen: «¡me da igual la teoría, dame la historia!» quizás se ahorrarían tiempo saltándoselo.

______________________________

El Príncipe de Maquiavelo fue tildado como Libro del Diablo. Por eso, durante varios cientos de años la Iglesia Cristiana lo censuró, sobre todo en las descripciones que figuran en el Capítulo VIII: Acerca de aquellos que han obtenido el principado por maldad y el Capítulo XVII: Acerca de crueldad y clemencia, y además, sobre si es mejor ser amado que temido. El Capítulo VIII debate el tema de «por qué sucede que aquellos quienes se hacen con el control de un país de manera inescrupulosa disfrutan de un reinado pacífico, sin experimental revoluciones, mientras que los gobernantes que acceden al poder mediante la legitimidad siempre fracasan en la tarea.» En este, Maquiavelo afirma que «eso es así por el empleo de la seriedad de forma correcta.»

Además, en el Capítulo XVII [1] [ps2id id=’1a’ target=»/]argumenta que: «debido a que los seres humanos son criaturas locuaces, uno debe elegir el amor en vez del miedo cuando se tiene que deshacerse de algo». Aun así, explica que: «es mucho más seguro que un gobernante sea temido que amado.» Y continua aclarando que: «cuando un príncipe […] tiene bajo control una multitud de soldados, es bastante necesario que ignore la reputación de ser cruel» ya que «Hannibal, […] habiéndose con el control de enorme ejército, […] no sucedía que hubiera discordia tanto entre entre los soldados o contra el príncipe, ya fuera mala suerte o buena fortuna.» Y todo eso surgía a partir de no otra cosa más que la crueldad inhumana que desprendía.

La Iglesia Cristiana, que predicaba el valor de la bondad, citaba estos ejemplos achacando: «¿¡qué sentido tiene esto, alentando a los gobernantes, quienes deberían reinar con benevolencia, a ser crueles!?» por lo que prohibieron El Príncipe. Después, se ganó la infamia de ser un Libro del Diablo y, sin ser debidamente revisado con atención,  malentendidos como que El Príncipe abogaba por la brutalidad y «El Príncipe respalda el asesinato a los que no opinaban de la misma manera» se hacían cada vez más presentes. Todavía hay veces, incluso en los tiempos actuales, que recibe dicha valoración, aun cuando ya ha sido sujeto a una reevaluación.

Pero lo que me gustaría afirmar aquí es que Maquiavelo decía que: «el concepto de la crueldad no es algo que se cuestione en detalle». A pesar de decir en el Capítulo VIII que «las heridas se deben hacerse todas a la vez, de manera que al ser hechas de golpe, ofenden menos.» Asimismo, Maquiavelo nunca llegó a la conclusión de que «¡esto es así!», —aunque sí ofrece algunos ejemplos históricos—.

Lo mismo ocurre con el Capítulo XVII. A pesar de decir que «las acciones de Hannibal eran de una crueldad inhumana», él nunca aludió a lo que esas «crueldades» eran.Así pues, ¿qué quería decir Maquiavelo al decir, «heridas que deben hacerse de golpe» o «la crueldad» que debe ser asumida por el príncipe? Solo tenemos la opción de deducirlo de entre los actos crueles existentes en este mundo, menos las cosas que Maquiavelo había dicho que no se podían hacer.

◇ ◇ ◇

En primer lugar, en el Capítulo XVII, Maquiavelo afirma que un príncipe debe evitar ser odiado si este no recibe amor. Así pues, para no ser odiado, debe «abstenerse de las propiedades de sus ciudadanos, súbditos, y de sus mujeres.» Del mismo modo, también afirma que: «cuando es necesario proceder contra la vida de alguien, debe hacerse con la justificación adecuada y por una causa manifiesta.» En otras palabras, «incluso con un justa causa, un gobernante no debe poner sus manos sobre las propiedades de sus súbditos y ciudadanos y las mujeres de estas, y solo debe quitar la vida a aquellos solamente por una causa adecuada —o, al menos, no quitar la vida sin una—.

Lo que significa que la «crueldad» mencionada por Maquiavelo se limitaría a «matar por una causa justa.» Por lo que, ¿qué tipo de «matar con una causa justa» estaría permitido? ¿Acaso es lo que afirmaba la Iglesia Cristiana de: «mata a todos los que se te opongan?» Entiendo muy bien que habrá opiniones divididas en este asunto, pero en cuanto a la mía, creo que diría que no. ¿Por qué? Porque el propio Maquiavelo aclaraba así en El Príncipe, capítulo XX: «Los príncipes, especialmente los nuevos, han encontrado más fidelidad y ayuda en aquellos hombres que al comienzo de su gobierno eran desconfiados que entre aquellos que en un principio confiaban sin problemas.»

Esos hombres, que al principio habían sido más bien hostiles, si cayeran en la necesidad de asistencia para mantenerse, siempre podrías ganar su apoyo con suma facilidad. Una vez ganado su apoyo, serían firmemente sostenidos para servir al príncipe con fidelidad, y, a fin de cancelar la mala impresión que se tenía de ellos, el príncipe podría sacar mucho más provecho de dichas personas que de aquellos que le sirvieron desde el principio con seguridad. En referencia a la historia japonesa, sería fácil entender por qué Shibata Katsuie sirvió como general a Oda Nobunaga y también acerca de la traición del hermano menor de Nobunaga, Katsuie —quien al principio se había puesto del lado del hermano menor, pero luego lo abandonaría para convertirse en el vasallo de Nobunaga—. A partir de aquellos momento, Katsuie serviría desesperadamente a Nobunaga convirtiéndose en su mano derecha, pero si en sus acciones se encontrara falta alguna, sería expulsado del clan Oda en calidad de como el similarmente rendido Hayashi Hidesada y Sakuma Nobumori. Lo que significa que la «crueldad» de Maquiavelo no es necesariamente «matar siempre» a tus enemigos. ¿Pero qué es entonces? Para eso solo tendríamos que mirar y deducir de los ejemplos de Maquiavelo de «seriedades que se utilizan adecuadamente.»

Cuando Siracusa cayó bajo el ataque de Cartago, Agatocles realizó una ataque sorpresa al Senado y ciudadanos prominentes de Siracusa para afianzar su propia influencia y eliminar el ataque de Cartago. Oliverotto, para ganar la soberanía sobre su ciudad natal, Fermo, llevó un ataque sorpresa contra los ciudadanos influyentes, incluido su principal apoyo, su tío, así obteniendo el control de Fermo en tan solo un año.

Además, el gobernante ideal de Maquiavelo, Cesare Borgia, asesinó a aquellos enemigos que se intentaron reconciliar con él, cimentando así, su base de poder. Uno de aquellos oponentes fue Oliverotto. Maquiavelo, no obstante, miró positivamente aquel acto. A partir de estos tres ejemplos, podemos reflexionar, pues, sobre la cuestión de que «el objetivo de la crueldad, a la hora de hablar de facciones de poder, también debería implicarse en tu propia facción.»

Aunque pertenecieran a la misma facción de poder, los senadores que entrasen en el camino de las políticas de uno o aquellas familias que se interpusiesen en el camino del gobernante, aun estando reconciliados, podrían algún día poner las espaldas en contra de ti… Por lo que aquellos obstáculos que bien podría calificarlos de ‘serpientes en el ‘hierba’ formaban parte de los que Maquiavelo convertiría la lanza de la crueldad.

Se puede decir lo mismo del capítulo XVII: Hannibal es descrito como «inhumanamente cruel» con su ejército, pero se puede matizar dicha crueldad a través de la comparación que se lleva a cabo con Scipio. Scipio también era un prominente general, pero estaba acosado por rebeliones dadas a cabo por sus hombres e insurrecciones de los ciudadanos. La razón de todo esto, mencionada en el capítulo, es: debido a que tenía un carácter gentil, no pudo castigar a los vasallos que habían cometido los actos irracionales. Lo que significa que Hannibal tomó la postura opuesta; convenció a sus aliados, fue temido por sus hombres, y no le hicieron rebeliones, independientemente del resultado de las batallas que librase.

Teniendo en cuenta que el objetivo del «uso de las seriedades» de Maquiavelo eran los enemigos de su propio campo, y considerando sus otras afirmaciones en El Príncipe, según las cuales declara que: «cuando tus vecinos vengan a golpes, siempre será ventajoso declararse en pos de uno o de otro» y que «hacerlo es más ventajoso que permanecer neutral» puedes ver la idea subyacente de Maquiavelo. Es decir: «Nunca pongas tu fe en aquel murciélago que se alía con el ganador.»

Maquiavelo era un diplomático en unos tiempos difíciles en Italia, llena de artimañas y engaño. Entendía que se tenía que pasar por alto aquellos que mantuvieran posturas indefinidas, alegando que la situación era difusa y poco clara, ya que se convertirían en una fuente de problemas más adelante. Como consecuencia de esto, aconsejó el empleo de la violencia bajo ese nombre de «crueldad.»

Por eso, decapité a los doce nobles.

☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽

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[1][ps2id id=’1b’ target=»/] Por cierto, los números siempre se leen en ordinal. Es decir: NO se dice «capítulo doce» o «doceavo» sino «decimosegundo». (Sé que es una cosa muy básica, pero quizás haya alguien que no lo sepa). XD

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Genjitsushugisha no Oukokukaizouki vol 3 capítulo 21

Genjitsushugi Yuusha no Oukokukaizouki español

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Como soberano C – Crimen

En la residencia de un noble de alta alcurnia, doce sombras mantenían una conversación en secreto.

«¿Qué piensas de esta reunión?»

«De los tantos nobles que hay, nosotros catorce hemos sido los que nos hemos reunido. Así que probablemente… el Reino también lo haya notado.»

«Hay informes de perros de la mano negra husmeando

«Entonces el objetivo de esta asamblea es…»

«Una advertencia, supongo.»

«¿Una advertencia? ¿No crees que podría ser una trampa?»

«Je, je, je. A diferencia de los rebeldes y además corruptos nobles, nosotros no hemos dejamos evidencia alguna. Ni el Rey ni la mano negra pueden juzgarnos.»

«Ya veo… es por eso que nos están dando esta advertencia.»

«En efecto. Con lo de «mañana será vuestro turno» nos quieren mantener a raya.»

«Dos de los Tres Duques han sido derrotados y los nobles que no participaron en la guerra han perdido su influencia. Si el Rey pudiera silenciarnos, no habría más obstáculos para su gobierno.»

«Hmph… así que todo está yendo como él quiere.»

«Pero por otro lado, puedes decir que esto es todo lo que nos ha podido hacer.»

«Ku ku ku [1] , correcto. Por eso debemos estar tranquilos por ahora. Necesitamos evitar despertar su ira y actuar en la medida de no darle razón alguna para castigarnos. Más bien, deberíamos mostrar cooperación con los planes del Rey.»

«Qué molestia.»

«¿Qué…? Esto no va a durar mucho tiempo. Sin obstáculos, el joven Rey implementará sus políticas mucho más rápido que antes. Y seguro que habrá personas que rechazarán tales cambios. Lo que debemos hacer es apoyar a esas personas desde las sombras, y en cuanto el rey más las acalle, más se verá como un tirano, y así, se dará a cabo una rebelión.»

«Por lo que crees que no va a durar mucho.»

«Ciertamente. En cuanto dicha rebelión pase, lo que podemos hacer es simplemente aposentar en nuestro lado alguien que nos facilite las cosas.»

«Para luego recuperar ese reinado pacífico que queremos, como el que tuvimos bajo el rey Alberto.»

«En estos momentos, el Rey tiene influencia. Lo que tenemos que hacer es evitar ser comidos por esta influencia. Dejar que se acabe. Así, en cuanto llegue el momento….» 

«¿Qué hacemos con las casas Javana y Saracena? Los líderes de estas cambiaron, ¿verdad?»

«Hay que dejarlos en paz. Incurrieron en el desagrado del Rey volviéndose incapaces de mantener sus propiedades. Nada que podamos hacer al respecto.»

«Naturalmente. Bien, caballeros, espero que todos nos atengamos a lo que decidamos hoy.»

«Sí. Por el regreso de nuestra era.»

««Por el regreso de nuestra era»»

 ◇  ◇ ◇

Ni siquiera me sentí perturbada en cuanto supe que el Duque Carmine había muerto en la cárcel.

Solo murmuré un breve «¿en serio…?». Y aunque alguien al que admiraba como a un padre o mentor había muerto, mi corazón se sentía tan en paz que me había sorprendido de mí misma. No es que no estuviera triste, quiero decir, estaba tan triste que sentía que mi pecho se dividiría pero, sin embargo, seguía comportándome como lo haría mi “yo” normal. Creo que… esto seguramente se debía a que tenía el presentimiento de que sucedería.

Sucedería que el duque Carmine elegiría atrapar toda la gente nociva de este país y destruirla junto a él mismo, y que Souma no dejaría que aquella resolución suya resutara un desperdicio.

Georg Carmine era un gran hombre al que respetaba y admiraba. Fuerte, noble, y para mí, un militar que se merecía que se luchara en su beneficio. Lo tenía puesto en un pedestal. Pensaba que debía convertirme en una persona como él.

En cuanto a Souma… él era alguien que había decidido apoyar por voluntad propia. No podía decir claramente lo que sentía por Souma, ya que siempre he tenido una vida sin nada parecido a cosas como el amor (como miembro de la realeza, estar casado por conveniencia política es un hecho, así que nunca me había hecho ilusiones sobre el matrimonio), pero al ver las caras de Aisha —que estaba llena de sonrisas cuando se había convertido en la segunda Reina Consorte— y de Juna al sonreír cuando le había anunciado que algún día la recibiría (como consorte real), hizo que algo me atravesara el corazón, como una aguja.

Estas habían sido las decisiones de los dos hombres que apreciaba. Incluso si era difícil, incluso aunque se tratase de algo desgarrador, no podía excusarme de sus decisiones si no era capaz de aceptarlas. Me había propuesto creer en lo que habían decidido; por eso no me había quejado cuando Souma me había comunicado sobre la muerte del duque Carmine. Ya que eso no sería lo que el duque Carmine hubiera querido. Por lo que lo único que haría sería presentar mis respetos al duque de la manera más magnífica posible al lado de Souma, como siempre.

Así pues, continuaré creyendo en Souma a partir de ahora. Cualesquiera que sean las decisiones que tome, las aceptaré y estaré a su lado. Hoy era el día en que juzgaríamos al duque Vargas y Carla. Todavía una parte de mí quería salvar a Carla como amiga que es, pero he decidido aceptar todo lo que Souma decidiese. Es decir, sin importar cuán triste fuera el resultado.

…y aun así…

Di, Souma. ¿Por qué parece que estés tan dolido?

 ◇ ◇ ◇

La Gran Plaza de Parnam se encontraba envuelta en un extraño estado de ánimo. El padre e hija, Castor y Carla, pronto serían juzgados aquí, en este lugar. A petición de Ecksel, que había obtenido un servicio distinguido en la última guerra, el derecho a juzgarlos había sido retirado del comité de deliberación. No era un acto digno de elogio, sino que todo se había visto forzado a ser así por presión de Ecksel. Por ese motivo, Souma se vio en la situación de tener que él mismo ser el juez.

La disposición básica en la mesa no era muy diferente a la de la audiencia del otro día. Souma se encontraba sentado en el asiento de honor, una silla bastante elegante, a pesar de que no era el trono. De pie a su izquierda y derecha nos encontrábamos Aisha y yo. La posición de Aisha no era la que siempre ponía, un paso atrás de él, sino justo a su lado, cambio que se debía a su candidatura como Reina Consorte. Inevitablemente, porque se encontraba al lado de Souma, que atraía la atención de todos, las miradas también recaían sobre ella. Parecía estar bastante tensa…

Y en la posición de las personas que solicitaban audiencia, estaban el ex mariscal de la Fuerza Aérea Castor Vargas y su hija Carla, arrodillados con sus manos atadas detrás de las espaldas. Parecían haberse resignado por completo, ya que se mostraban arrodillados de espaldas a nosotros. En ambos lados de las dos figuras arrodilladas se encontraban el Primer Ministro Hakuya y la duquesa Walter [2] el uno frente al otro. Hakuya se encargaría de acusarlos de los crímenes cometidos, mientras que la duquesa Walter abogaría por la defensa.

En un juicio normal, el fiscal y el abogado discutirían sobre si había delito, pero aquí, los crímenes de la pareja ya habían sido establecidos. Dicho juicio pues, se daría a cabo con el fiscal Hakuya aseverando la sentencia recomendada y a continuación, la defensa, la duquesa Walter, abogaría por una reducción en las penas. Si la defensa fuese aprobada, entonces la pena sería reducida pero en caso de lo contrario, recibirían la sentencia tal como Hakuya había propuesto. No habría súplica en pos de perdonar al sentenciado.

Además, se encontraban catorce nobles sentados el uno al lado del otro en el borde de la mesa, auditando el juicio. Había escuchado que Souma pediría sus opiniones a medida que avanzara el juicio. Había mencionado asimismo, que habían sido elegidos al azar… pero me pregunto si ese es realmente el caso. Los nobles parecían susurrar entre ellos.

(No me sorprendería si hubiera algo en marcha. Este es el juicio que Souma había planificado, al fin y al cabo…)

Había habido casos aquí, en este país, donde el derecho a la sentencia de los juicios había sido tomado por el comité de deliberación, aunque no había muchos casos. No obstante, en estos casos era normal que el Rey censurase esa manera, de forma que hubiera un juicio arbitrario sin margen de objeción alguno. Por lo que un tribunal de primera instancia como este no tenía precedentes en la historia. Más bien, este tribunal de primera instancia con estas características sería  el  precedente, y por eso, no tenía idea de lo que iba a pasar.

«Nos disponemos a dar comienzo al juicio de Castor y Carla.»

Declaró Souma en voz baja. Hakuya fue el primero en leer los cargos.

«La pareja padre e hija Castor y Carla, a pesar de la autoridad concedida por la corona, rebeláronse contra Su Alteza Real Souma, desoyendo su Consejo Final, y alzáronse en armas [3] contra la Guardia Real. Así pues, sus acciones resultan ser un delito de alta traición y, por lo tanto, sujeto a la sustracción de las tierras, propiedades y pena capital.»

Supongo que debería haber esperado que Hakuya solicitara la pena capital. Era una cuestión de tradición; la alta traición siempre ha sido un crimen castigado con la muerte implicando a la familia de uno hasta la tercera generación de familiares. Por eso, el duque Vargas había hecho caso del consejo de la duquesa Walter, cortando los lazos con sus familiares para afectar a la menor cantidad de personas. Además, al usar los méritos de la duquesa Walter, se había decidido que el lazo de Carla —hermano separado— heredaría el liderazgo familiar con una reducción del territorio de la Ciudad del Castillo del Dragón Carmesí y sus alrededores inmediatos. Sus consejeros serían la madre del niño, la hija de Ecksel, Accella, y el mayordomo de la familia, Tormann.

Después, Ecksel asumió el rol de defensa pidiendo una reducción en las sanciones. Además, había preguntado antes de empezar la defensa como tal ofrecer «su propia cabeza o los derechos de Casa Walter o Ciudad Laguna para perdonar sus dos vidas», pero dicha propuesta había sido rechazada. Tener su cabeza estaba fuera de cuestión, y más aún tomar los territorios de todos los Tres Duques, lo que conduciría a que los otros nobles se pusieran nerviosos de Souma.

«La decisión de Castor Vargas de resistirse contra Su Alteza no la había hecho por querer suplantarlo, sino por la lealtad que tenía en Alberto, el anterior rey. Él no tenía en mente algo parecido como querer usurpar el trono. Obviamente, es evidente que como lord Albert le había cedido formalmente el trono a Su Alteza por voluntad propia, Castor no tenía derecho a resentirse por ello, pero la entrega había sido tan rápida que le había causado confusión, y Carla solo lo había seguido. Afortunadamente, no ha habido víctimas en la población o la Guardia Real durante el ataque a la Ciudad del Castillo del Dragón Carmesí. Por lo que me gustaría apuntar que es muy negociable el hecho de poder perdonarles las vidas.»

La duquesa Walter, buscando una reducción en las penas. Souma solo escuchó en silencio aquello que tenía que decir. Su rostro no parecía tan agónico como lo estaba antes. De hecho, parecía inexpresivo, como si estuviera pensando en algo. Probablemente lo estaba intentando esconder.

Después de haber escuchado al fiscal y a la defensa, Souma abrió la boca.

«Castor. ¿Hay algo que quieras decir?»

«No.» Dijo el Duque Vargas claramente.

«El general del ejército derrotado no tiene derecho a hablar. Tenga mi cabeza si quiere.»

«…Es eso así»

«Sólo una cosa. El que instigó la guerra fui yo. Carla solo siguió mis órdenes. Asumiré toda la culpa. No me importa que se me exhiba o que se haga de mí un espectáculo, por eso, ruego que perdone la vida a Carla.»

«Padre…»

Aunque llevaba las manos atadas, el duque Vargas bajó la cabeza. Rozó el suelo. Ver al orgulloso Castor Vargas actuando así sorprendió incluso a su hija, Carla. Sin embargo, Souma, todavía con cara inexpresiva, suspiró y añadió: «No digas algo tan egoísta».

«Escuché que Carla lideró las tropas de la Fuerza Aérea. No puedo dejar ir una persona con eso en sus espaldas así como así. Deberías haber pensado sobre esto cuando decidiste volar las pancartas de la revuelta.»

«Guh…»

El duque Vargas se mordió la esquina de la boca, pero no dijo nada más. A continuación, Souma se volvió hacia Carla

«Carla. ¿Tienes algo que decir?»

«…No.»

Carla sacudió débilmente la cabeza.

«¿Es esto todo? ¿Estáis seguros de que no tenéis nada más que decir?»

«…Solo una cosa. Me disculpo por no conocer mi lugar. Quien no conoció su lugar fui yo, no el Rey Souma.» Dijo Carla mientras bajaba la cabeza.

Esta vez fue el turno del duque Vargas para abrir los ojos. Carla, quien me había expresado: «tengo miedo de ser tan impotente» mientras abrazaba las rodillas. Probablemente se encontraría en el mismo estado de ánimo que en aquel entonces, ahora.

«¿No pedirás el indulto?»

«No. Juzgadme como queráis.»

«…Ya veo.»

Souma no los miró más. Se volvió hacia los nobles, que se encontraban detrás de ellos, y añadió: «Ahora bien, me gustaría preguntar las opiniones de los caballeros reunidos aquí. Desacertadamente cometieron traición contra la figura del Rey actual, es decir, contra mí. ¿Qué sentencia creéis que sería la apropiado para estos tontos? Por favor, hablad libremente sobre el asunto.»

Souma dijo eso con una mirada que incluso me asustó un poco. En ese momento, sentí que algo andaba mal. La forma en la que lo había dicho era como si no les estuviera dando ninguna vía de escape. Mientras preguntaban por sus opiniones, los amenazaba como diciendo: «Ninguno de ustedes estará defendiendo a los traidores, ¿verdad?»

Al ver a los nobles teniendo eso en cuenta, recordé algunos rumores un tanto oscuros. Noté que eran principalmente las casas que se plantaron en la valla durante la emergencia. ¿Podría Souma estar haciendo un ejemplo de Carla y Castor para que le jurasen lealtad?» En plan, ¿obedece si no quieres terminar como ellos? Sonaría apropiado para un gobernante, pero…

Uno de los nobles se puso de pie y levantó la voz

«¡Su Alteza! ¿Acaso no lo estás haciendo sonar como si sus crímenes ya hubieran sido decididos?»

El que levantó la voz era un joven de pelo rubio. Probablemente tenía más o menos la misma edad que Hulbert, aunque sin esa mirada dura, típica de Hulbert, sino una imagen más como de seriedad.

«¿Quién es?»

«El actual jefe de la Casa Saracena. Piltory Saracena.»

Hakuya respondió la pregunta de Souma. Piltory después añadió: «Entiendo que este es el lugar para discutir la importancia del crimen. Pero si, si Su Alteza lo presionará en beneficio de sus propias intenciones, ¡no tiene sentido esta corte!»

«¡Ja, ja ja ja! ¡Bien dicho, joven lord Saracena!»

Otro noble se levantó. Un hombre con cabello gris peinado hacia atrás, bigote igualmente gris y músculos fuertes a pesar de su avanzada edad. Hakuya entrecerró los ojos y anunció su nombre.

«El actual jefe de la Casa de Javana. ¡Lord Owen Javana!»

«Señor Eminencia Negra. El Duque Vargas desde hace cien años, desde antes de que naciéramos, lleva continuadamente defendiendo este país. Aunque tiene esa crudeza mental, típica de un dragonewt, el corazón que tiene seguramente es el mismo— él quiere seguir protegiendo este país. Para empezar, no giró su espada contra Su Alteza para sus propios fines, sino porque quería que el rey anterior, el gobierno de Lord Albert regresara, creo yo.»

«¿Estás diciendo que no tenemos más remedio que perdonarle ya que somos jóvenes?»

Al ver que Hakuya lo fulmina con la mirada, Owen lo negó con la cabeza añadiendo: «en absoluto.»

«Eso no es lo quiero decir. Simplemente digo que el duque Vargas se encontraba de mal genio porque su Alteza Souma había recibido formalmente el trono. Su crimen tampoco es algo perdonable. Sin embargo, lord Vargas ya ha perdido su estatus, sus títulos, su territorio y su propiedad. Quizás podría ser demasiado tomarle la vida y la de su hija.»

«¿Estás diciendo que tenga clemencia con el traidor?»

«…Como anciano que soy, me parece lamentable. A Vargas aún le quedaban dos o trescientos años más de servicio activo. No creo que haya nadie en este país que pueda comandar la Fuerza Aérea mejor que Lord Vargas.»

«¡Su Alteza! ¿Acaso no dijo que «si tienes talento, tengo uso para ti»? ¿Va a dejar ir a una persona con un talento tan difícil de encontrar así como así? ¡Lord Vargas quien se ha preocupado por el futuro de este país junto con el Rey anterior y ha mostrado sus colmillos contra Su Alteza no es inferior a nosotros, los nobles que no pudimos hacer nada y nos mantuvimos al margen! ¡Sea indulgente con ellos dos, tal como ha dicho lady Walter!»

«»

Al escuchar a los dos, Souma cerró los ojos por un momento, luego ordenó.

«Deshacedos de estos dos.»

Inmediatamente, los soldados los rodearon y se los llevaron lejos de la plaza. En ese momento, la mirada de Owen quien estaba muy rígido con una cara estupefacta se quedó mirando a los soldados, que se llevaban a los dos nobles mientras uno de estos, Piltory, gritaba desesperadamente «¡Su Alteza, por favor, reconsideradlo!»

Después de que se los llevaran, la plaza cayó en un silencio sepulcral. Nadie se atrevió a respirar o decir una palabra. Souma rompió el ambiente.

«¿Y ahora, la opinión de los demás?»

◇ ◇ ◇

A partir de entonces, todas las opiniones de los nobles resultaron en «muerte para ambos»

«La ley es la ley.»

«Perdonarlos ahora sería un mal ejemplo para los plebeyos

«Ningún traidor a Su Alteza debería estar tomando ninguna posición.»

Estaban diciendo cosas como esas, pero era obvio que lo que realmente tenían en mente era algo tipo: «no queremos ganarnos la ira de Souma como esos dos han hecho» No lo entendiendo… Ah, claro, ahora que los nobles permanecían en el lugar, estos temerían a Souma y les resultaría difícil ponerse en contra de él, pero pregunto yo, de entre los doce que se encuentran, y los dos que se han ido, cuáles serían los que aportarían mayor beneficio para Souma…

( …No tengo que vacilar. He decidido creer en Souma )

Me pellizqué sigilosamente el muslo, acabando desesperadamente con el conflicto dentro de mí. Entonces, oí a Souma decir suavemente: «Tengo que hacerlo, ¿verdad?»

«He escuchado todas vuestras opiniones.»

Souma se levantó y levantó su mano derecha, y finalmente la bajó

«Ejecutadlos.»

Al siguiente momento, escuché el sonido siseante de las hojas de las espadas. La sangre bailó en el aire.

 

 

 

Y doce cabezas rodaron.

☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽☾☽

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[1][ps2id id=’1b’ target=»/] Véase risa malévola, por favor…

[2][ps2id id=’2b’ target=»/] Duquesa Walter = Ecksel. (Su nombre es Walter Ecksel)

[3][ps2id id=’3b’ target=»/] Los verbos acabados en -se son propios del español  antiguo. En español moderno se ponen al principio. Ej: Rebeláronse → Se rebelaron.

 

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