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Dosier de Prensa de “La ciudad transida” de Onofre Rojano

onofre-2004SOBRE EL AUTOR: Onofre Rojano nace en Sevilla en enero de 1943. En el año 1967 publica su primera obra, Las horas caídas, comenzando así una prolífica carrera literaria que incluye más de una treintena de títulos en los que demuestra ampliamente su magisterio en el teatro, la prosa y la poesía. Algunos de sus poemarios más conocidos son Gentes del sur (1973), Vegetal silencio (1992) y Escalera de incendios (2006).

En 1977 funda, junto con otros escritores, el Grupo Poético Barro, siendo codirector de la Colección “Vasija” de Poesía, editada por Barro desde 1978. Actualmente es uno de los escritores sevillanos más galardonados. A lo largo de su trayectoria ha recibido más de 30 premios literarios entre los que destacan el Antonio Machado (Sevilla, 2007), el Cálamo de Poesía erótica (Gijón, 2011) o el Francisco de Quevedo (Madrid (1991).

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Un horizonte del innombrable

horizonte

Yo, señoritas, señoritos,
-horror y error, vulgo-
soy escriba sedentario
que cabalga sobre la montura
de sus nervios:
jaco matalón de frágiles remos
y traqueteada osamenta.

(Y a veces indagar pretendo
quién me dio vela
en este panderetero entierro)

Miro en derredor,
preguntas balbuceo,
desmigajo sueños,
me yergo y aúpo
al carrusel del tiempo,
que me consume en vértigos.

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En un figón del reino nuevo, mientras los humos curan la matanza

ventana

¡Ea, Yañez, venga otra jarra
del áspero!

Esos leoneses son unos retrógrados.
Mucho atraso es el que se traen
ellos y sus compadres de Toledo.
Ni que estuviéramos en el siglo
VIII y no en el X
ahorcan o condenan porque sí, en plan
visigótico.
Y aquí -¡a ver si lo aprenden!- no se juzga
con los viejos libracos ya
sino tan como lo entendemos
por las costumbres nuestras: sin que tenga que estar escrito.
También hablamos con mayor viveza y más palabras,
no tropezamos ahora apenas con el latín,
y la censura, de momento al menos,
no restringe nuestra poesía.
Sabemos que la gente es solo gente, plebe o nobles.
Y los de León, ¡hala!: “natu divino princeps”
y el Fuero Juzgo hasta en la olla.

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